Vale… quizá muchos de vosotros, apoltronados en vuestras butacas o sillones de conquistar el mundo, repantigados en el sofá, rodeados de bolsas de papas, con la cocacola al lado y el portatil/pc/lo que utilicéis para acceder a internet os preguntaréis si este post es necesario. Si existe la necesidad de que, por muy gordos frikis comedoritos que seáis, tengáis que hacer deporte, cuando el mayor deseo que tenéis es conseguir escribir un texto lo suficientemente bueno como para poder utilizarlo, darlo a conocer y, quizá, venderlo.

Os entiendo, de verdad. A muchos os conozco, y se que sois incapaces, por unos motivos u otros, de poneros a hacer deporte. Algunos por dolencias reales. Otros, por que no os apetece nada de nada. Y los más, porque no os apetece nada de nada y os inventáis dolencias que acaban siendo reales de tanto sugestionaros.

A estas alturas no voy a ponerme a explicar las bondades del deporte. No del deporte de competición, el cual considero bastante perjudicial a largo plazo, sino del deporte como método de mantenimiento. Todos entendemos que es bueno… solo que no nos apetece hacerlo. Se suda, cansa, es tiempo que podría estar haciendo otra cosa, hay cosas más interesantes que me ocupan en este momento, etc, etc, etc. Vamos, excusas, las he oído miles entre los frikis. La mejor, la que más me gusta, es una que me ha llegado varias veces de distintas personas: “Tengo alergia a mi sudor“.

Dentro de los deportes de mantenimiento, uno de los que mayor afición está generando (entre la gente mayor, vale, pero no es que vosotros seáis unos deportistas de élite) es el caminar. Recomendado por la mayoría de los médicos, el simple ejercicio de caminar, una hora al día al menos tres veces por semana (mejor si son seis de los siete) nos permite mantener una salud cardiovascular buena, y encima sin forzar el cuerpo como ocurre con otros deportes. Se adelgaza (una hora de andar equivale a media hora de footing), haces que el corazón se menee, y te sirve para bajar los niveles de ácido úrico y colesterol. Vamos, todo ventajas.

Alguno estará pensando… “joer… el tío este dandonos la brasa con eso de hacer deporte… ¿y que tiene que ver esto con los juegos de rol?”.

Mucho.

Si caminas solo, una vez has cogido el hábito y tu cuerpo ya sigue un recorrido conocido, te darás cuenta de que la mente te funciona muchísimo mejor que si estás sentado en casa, en el sofá, mirando el techo. Las ideas vienen y van, y no cuesta nada reflexionar sobre todo lo que has hecho y el camino que te queda por delante. Es en estos momentos cuando saltan muchas de esas ideas felices de las que hemos hablado en otros posts, y que van rondándote por la mente hasta que logras que salgan. O, facilmente, descubres los pasos que has de realizar para llevar a buen puerto el texto que tienes atascado.

Con el tiempo, te darás cuenta de que no solo te sientes mejor y te encontrarás en un estado más saludable, sino que una hora se te hará corto para todo lo que ronda tu mente en esos momentos. Al adquirir el hábito, adquieres también la costumbre de encontrarte, al menos tres veces por semana, únicamente con tus pensamientos, donde ni la televisión ni internet pueden distraerte, y cada vez te será más fácil organizarte el trabajo, pensar en los posibles bloqueos, programar las siguientes entregas y planificarte a ti y a los que estén contigo.

Y, encima, haciendo deporte. Todo un chollo.



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