¿Se puede estar orgulloso de una regla casera? Es decir… no creo que las reglas caseras sean el mal. Yo he desarrollado muchas. Por eso precisamente me lo pregunto.

La primera que desarrollé fue algo lógico, creo. Hubo una época en la que varios amigos alquilamos un piso para no tener problemas de espacio a la hora de jugar y jugábamos a AD&D 2ª edición y a Rolemaster (entre otros muchos) con mucha asiduidad. El máster de Rolemaster y yo (el máster de AD&D 2ª) teníamos en muchas ocasiones a los mismos jugadores (además de que él me dirigía a mi, y yo le dirigía a él).

Esto hizo que ambas campañas se vieran muy influenciadas la una de la otra, y una de esas influencias tuvo que ver con la forma de llevar la magia en ambos sistemas. Y ello conllevó a que acabase desarrollando un sistema de puntos de poder para AD&D. Se que no fui el único en crear dicho sistema(a lo largo de los años me he encontrado con otros másters que han hecho lo mismo) pero en este caso recuerdo la seriedad con la que me lo tomé en su época, y los pocos retoques que tuve que hacerle para afinarlo.

A esta modificación le siguieron muchas otras (Esa edición de D&D era muy modificable), como evitar los poderes que robaban niveles por px, ampliar las habilidades percentiles a todos los personajes, cambiar las reglas de multiclaseo y de límite por raza y quitar las reglas de estudio para subir de nivel. Y también muchas otras que nos rechinaban y que no nos dejaban jugar como nosotros creíamos.

En los últimos años, jugábamos a un AD&D que estaba modificado de tal forma que se ajustaba a nuestra forma de jugar como un guante.

¿Hay alguna regla casera de la que esté orgulloso? Todas y cada una de ellas, que consiguieron que un juego se adaptase a un grupo sin rechinar y sin crear situaciones descompensadas.

Esta entrada pertenece al ciclo del Desafío de los 30 días, en su 4ª edición, que puedes seguir aquí: Desafío de los 30 días



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