Como bien saben aquellos que me tienen en sus círculos de G+, una de las cosas que me gusta hacer cuando camino (y cuando conduzco, y cuando estoy haciendo cosas que no requieren de una concentración plena) es escuchar podcasts.

Uno de los podcasts que más me gustan, y que tienen el espacio reservado para esos momentos en los que me encuentro solo con ellos, es el de Planeta de Juegos, que cada dos semanas Chechu y Val graban para hablarnos de sus cosas, principalmente de juegos de mesa, wargames, y en ocasiones, juegos de rol.

Hace unos días escuché uno de estos últimos. Un capítulo dedicado a los juegos de rol, en concreto de Plenilunio, Shadowrun 5, y D&D 5. Bueno, no es que todo el capítulo estuviera dedicado a los juegos de rol, pero si la sección de Campo de Asteroides.

De todo el capítulo, interesante aunque algo desafortunado en alguna declaración que no voy a comentar porque no es el lugar ni el momento, me gustaría reseñar una breve conversación que trató de la creación de un mundo (de una ambientación) para D&D 5. La idea es muy sencilla pero muy potente, y creo que a poco que se juntasen un grupo de másters, daría para crear infinidad de ideas y de material usable en infinidad de juegos con poco trabajo.

En el podcast no se explica muy bien, y se dan unas ideas generales, así que partiendo de lo comentado y realizando una adaptación según interpretación propia, el proceso sería el siguiente:

Una serie de másters (tres, cuatro, cinco…) cogen un territorio. Obviamente, si es para D&D, el territorio puede ser perfectamente uno de esos mapas hexagonales comúnmente conocidos por los grognards y los aficionados a la OSR. Lo importante es que en dicho mapa estén los hexágonos bien marcados, y el terreno claro en su interpretación (montañas, bosques, etc).

Cada fin de semana (o cada vez que vayan a dirigir), cada uno de los másters elige un hexágono, e indica un elemento que se encuentra en dicho hexágono. Un pueblo, una torre abandonada, la entrada a un dungeon, la localización de un asentamiento orco… lo que sea. En torno a dicho elemento, el máster organiza una partida, que debe de durar tan solo una tarde/noche. Vamos, lo que suele ser una sesión. Y al finalizar la sesión se ponen al día las notas de la misma, los mapas, los hechos, y se comparte con el resto de los másters.

De esta forma, cada sesión el mundo va desarrollándose, utilizando la creatividad de la mente colmena, permitiendo no solo la evolución del mismo, sino la posibilidad de la sorpresa. Un ejercicio maravilloso para crear una ambientación con poco trabajo y una gran dosis de sorpresa. El concepto de sandbox incluso para másters.



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