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Iba a hablar sobre cierta posada de Ravenloft a la que ya he hecho referencia en anteriores días… pero no. Acabo de acordarme de una localización que fue muy especial para mi y para mis jugadores, aunque estuvieron muy poco tiempo en ella. Fue como El Dorado entre mis jugadores.

Imaginad. Llevábamos poco menos de seis meses jugando a AD&D. Eso en aquella época significaba muchísimo. De hecho, los personajes ya eran de nivel 4 de media, y si tenemos en cuenta lo que se tardaba en subir de un nivel a otro en este sistema, os podéis imaginar la de partidas que llevábamos.

La cuestión es que en una de esas aventuras, llegan a un castillo. Era el castillo de un malvado mago que blablablabla. Limpian el castillo, y al investigar descubren que debajo del castillo hay un gigantesco tesoro. En serio, gigantesco. Fue una de esas burradas que se te ocurre decir cuando eres un máster joven e imberbe.

– ¿Cuantas monedas de oro hay?
– Así a ojo calculas que varios millones.

La verdad es que fue una de esas cosas que dices medio en serio, medio en coña. Jajaja, varios millones, jajaja, claro, ¿qué os creéis?, ¿que a nivel cuatro os iba a sacar varios millones? jajajajaj… y les vi la cara. Fue uno de esos momentos en los que decides cambiarlo todo. De repente el castillo en lugar de tener un baúl con unas cuantas miles de monedas de oro, pasó a tener varios millones… tras un campo de contención mágica.

Y los jugadores se pusieron como tigres en una jaula, yendo de un lado para otro, queriendo alcanzar tooooodaaaaaaas esas monedas. Eran suyas. Habían luchado para conseguirlas, así que les dejé un cebo. Un libro, en la biblioteca del mago, que explicaba como conseguir esas monedas. Como quitar el campo de contención. Y eso pasaba por conseguir tres objetos maravillosos, que, obviamente, y tras mucho buscar, descubrieron que no estaban en el castillo. Así que comenzó su gran exploración por el mundo.

Y el castillo pasó a ser, mientras iban de un lado a otro descubriendo la localización de esos tres objetos, de el castillo donde estaban tooooodas esas monedas al castillo donde pensaban retirarse cuando consiguiesen las monedas. Y aventura tras aventura iban de una localización a otra, en ocasiones con una nueva pista, y en otras ocasiones con alguna aventura secundaria.

¿Lo consiguieron? Os voy a dejar con la duda 🙂

Esta entrada pertenece al Desafío de los 30 días. Puedes ver las reglas aquí, y al resto de los desafiantes en este post.

Esta entrada y el resto de entradas del Desafío de los 30 días van a ser etiquetadas con el hashtag #Desafío302014 propuesto por Jesús Rolero.



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