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Pregunta harto complicada, pardiez. No se siquiera porque se me ocurriría añadirla. Quizá porque al ser humano, en general, tiene necesidad de clasificar las cosas, y una lista de “entre los mejores” suele estar siempre presente… y claro, en este desafío, que algo así no apareciese sería como anatema. Como pecado. Como sacrilegio. Como… bueno, ya me entendéis.

Mis tres mejores juegos.

De todos los tiempos.

AD&D. Sin duda, este veterano sería el primero de todos los juegos que conozco y que podrían estar en esta lista. Estuvo a mi lado mucho tiempo, pero eso no sería una razón para incluirlo en esta lista. Fue un juego al que en seguida le pillé el truco. Y aunque muchos decían que las reglas eran liosas por la gran cantidad de opciones y de aproximaciones distintas que hacían los distintos añadidos, para mi y para mis amigos fue muy sencillo el hacernos con él.

De ahí que no tardásemos demasiado en manejarlo a nuestro antojo. Y cuando digo manejarlo a nuestro antojo no quiero decir que nos conociésemos las reglas al dedillo, sino que eramos capaces de moldearlo según nuestras necesidades. ¿Por qué? Porque la diversidad de reglas nos lo permitía. Por ejemplo, las reglas de las habilidades especiales del ladrón. ¿Si todas las demás habilidades iban con el d20, porque las del ladrón iban con el d100? Leíamos y escuchábamos a aficionados quejarse de ese follón. En lugar de quejarnos, amplié las reglas para que todas las clases de personaje pudieran tener también estas habilidades, con una capacidad muy baja y con un nivel de desarrollo ínfimo. Y cuando lo apliqué, nadie se quejó ni puso el grito en el cielo. Cuadraba con la diversidad general.

El mago se quejó de la restricción de los conjuros, así que desarrollé un sistema de puntos (en unas hojas de libreta de tamaño A5 que recuerdo muy bien) y lo estuvimos probando una temporada. La modificamos para ajustarla más, y la integramos entre el resto de reglas. De diversas reglas. Y nadie se quejó, porque no quedaba mál.

Y no fuimos los únicos. Internet estaba plagado, quizá por ser el más jugado, de miles de ayudas, añadidos, suplementos, más ayudas… no es coña. En la época en la que internet estaba naciendo a nivel mundial, eras capaz de descargarte miles de documentos en texto ASCII sobre el juego. Miles. Los tenía todos en mis disquetes de 3’15. En aquella época programábamos las descargas de archivos de 1MB para que se descargasen por la noche… porque sino PETABAMOS LA CONEXION DE LA UNIVERSIDAD. Que tiempos.

La Llamada de Cthulhu. Este sería el segundo de los juegos que tendría en mi podio. ¿La razón? Todo mejora con Cthulhu. No, en serio. El sistema BRP es muy bueno. Se ha utilizado en juegos icónicos como Runequest, Pendragón, Stormbringer o Aquelarre, y desde luego, eso es un punto a su favor. Pero es que luego esta el tema de los Mitos. Y todo el mundo sabe que si quieres que algo que pudiera ser mediocre acabe mejorando, métele una referencia a los Mitos.

Tenemos a Cthulhu en películas. Referencias (que no utilización directa) de los mitos en libros, en juegos (“oye, mira, este libro se titula Necronomicon”) de rol que no tienen nada que ver (¡¡¿Kult?!! ¡¡tu quoque, fili mi!!), en juegos de mesa, en películas, en peluches de forma directa, en camisetas, en decoraciones para coches, para camiones… en casi cualquier cosa que os podáis imaginar, podemos meter a Cthulhu. Si no os lo creéis, buscad “cthulhu +cualquier palabra” en Google y veréis. Si queréis una prueba definitiva podéis hacer un ejercicio mental y pensad en cualquier cosa sin los Mitos. Ahora, añadidle los Mitos. ¿A que mola? (Mmmm… Rol Negro con Mitos… mmmmm)

Pero es que además, ambas cosas no son las únicas. Se le une una tercera no menos importante. En la Llamada de Cthulhu, no querías descubrir lo que pasaba. Era ese juego en el que jugabas porque te lo pasabas bien, pero no querías avanzar. Bueno, avanzar en general si. Molaba saber disparar mejor, buscar libros como un campeón y conducir coches de los años 20 como si estuviese en un rally. Pero no querías descubrir nada de profundos, cosas ignominiosas, libros mágicos… y desde luego, no querías descubrir esas cosas que te hacían perder muchos dados en cordura… o en cuerpo. Así que mientras en el resto de los juegos de rol molaba ir avanzando, en La Llamada cada partida te acercaba más a la locura. No querías que tu personaje evolucionase. ¡¡¡Era el antijuego de rol!!!

Shadowrun. Mi tercer mejor juego. Es cierto que las reglas no eran demasiado claras. Y que tenía una ingente cantidad de aficionados al Cyberpunk que no hacían más que que incordiar con que si tenían orcos y magia y demás y que eso no era ciberpunk y que si patatin patatan. Pero es que nos flipaba. Quiero decir… eramos un grupo de chavales, aficionados a fantasía clásica, de esa fantasía en la que los elfos, gnomos, medianos y demás solían pegarse con orcos, goblins, dragones y demás. Y por otro lado, nos encontrabamos con Star Wars, Star Treks, Star Lords… (uy, no, que eso es de otro sitio 😉 ). Vamos, que la ciencia ficción (y el cyberpunk) eran muy… canones. Si, tenían sus razas alienígenas que podían parecerse a orcos (como los gamorreanos) y sus pequeñas escapadas por otros tipos de ciencia ficción, pero en general para unos chavales como nosotros, o eran cosas injugables o eran cosas bastante clasicas y establecidas.

Y aquí podías LLEVAR ORCOS CON PISTOLONES. Las aventuras tenían un tono maduro que hacían que las partidas estuvieran a otro nivel Y PODÍAS LLEVAR ORCOS CON PISTOLONES. El entorno en el que te movías era un entorno muy cercano (nos era más cercano que la Llamada, por ejemplo, y mucho más que otros como Star Wars o D&D) y podias LLEVAR ORCOS CON PISTOLONES, y aún así no lo suficiente como para ser el (aburrido) mundo real de aquella época. Nos hizo darnos cuenta de que las historias podían ser oscuras y jodidas y podíamos LLEVAR ORCOS CON PISTOLONES, y fue una gran influencia en el tono de las partidas de otros juegos que en principio estaban pensados para no ser tan oscuros. Y no se si lo he dicho, pero PODÍAS LLEVAR ORCOS CON PISTOLONES.

Esta entrada pertenece al Desafío de los 30 días. Puedes ver las reglas aquí, y al resto de los desafiantes en este post.

Esta entrada y el resto de entradas del Desafío de los 30 días van a ser etiquetadas con el hashtag #Desafío302014 propuesto por Jesús Rolero.



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