La comarca de Vilés se encuentra situada al noroeste del reino de Hungra, formando una península que sale de la costa como un apéndice abrupto sobre el Mar Impetuoso. La costa a lo largo de toda la península es escarpada, con algunas calas de arena negra que permiten acercarse al agua a los pescadores. La única excepción es la zona donde se encuentra situada la villa de Vilés, que le da nombre a la comarca, donde un amplio puerto abierto al mar permite la compraventa de mercancías.

La península mide unos 65 kilómetros de largo por 40 kilómetros de ancho. Esta formada por la propia Villa de Vilés y varios pueblos de agricultores y pescadores, además de los terrenos utilizados para sembrar y el comienzo del Bosque de los Nogales. El resto del territorio esta compuesto de colinas de poca altura y valles interrumpidos por caminos y arroyos.

La Villa

La Villa de Vilés es la ciudad más importante de toda la comarca, y la que le da nombre. Hasta hace un par de siglos la Villa formaba parte del reino de Hungra. Una revuelta de ciudadanos vilesinos, comandados por los Talones de Yetch, consiguieron su independencia del reino a costa de grandes sacrificios. Desde entonces, gracias a la situación periférica de la comarca unido al carácter sagrado que la Taberna proporciona a la ciudad, se ha mantenido la independencia.

Historia

La villa, que fue en principio una aldea de pescadores, se desarrollo económicamente cuando el reino de Hungra comenzó a utilizarla como enclave comercial pesquero. Gracias a la creación de un amplio puerto que aprovechaba su orografía, el reino de Hungra disponía de cinco puertos clave que le permitían desarrollar una ruta comercial importante para la sociedad de la época. Sin embargo, no fue hasta la creación de la Taberna a partir de la cual la Villa de Vilés comenzó a tener una importancia clave en el comercio del reino. No solo por la fama, sino por las continuas peregrinaciones que los clérigos de todos los dioses realizaban en busca de su deidad.

Esta situación, a pesar del avance económico que causó en la zona, fue la principal causa de la Gran Pelea de Taberna, batalla que asoló la ciudad y los alrededores durante años, y que termino con la represión y persecución por parte de las fuerzas militares de Hungra hacia los clérigos de todas las religiones durante los siguientes dos siglos.

Tras la anulación de la orden dictada por el rey Poleth III, el rey Farlón XII aceptó de nuevo el libre credo, siempre y cuando todos los clérigos que se estableciesen en la ciudad se registrasen en la antigua, y famosa, lista Oradora. Se aceptó a regañadientes, y los registradores del rey se encargaron de realizar esta tarea. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de ser los propios clérigos, la mayoría de Groro, los que pasaron a encargarse de dicho registro. Entre los historiadores se cuenta que ese fue el comienzo de los gremios.

Con el tiempo, los nobles se instalaron en la Villa. El tamaño de la ciudad y el nivel de vida que permitía a sus ciudadanos la hacían muy atractiva para los decadentes miembros de la nobleza hungrarianos, que la veían como campo de juegos para las maquinaciones de Kosova, la capital del reino.

Con el tiempo, los responsables de los gremios comenzaron a hartarse. Las leyes e impuestos de los nobles, su creciente decadencia y sus continuos abusos provocaron el levantamiento de la ciudad, que encarceló a todos los nobles, manteniéndolos como rehenes hasta que el rey aceptase la independencia de la Comarca.

Tras un largo asedio por mar, por tierra y por aire, el rey no tuvo más remedio que aceptarla. Tanto las presiones de los familiares nobles que tenían familiares en la ciudad como la preocupación por que dañasen a su propia hija, también rehén, le obligaron a claudicar a favor de los gremios. Y así siguen hasta la actualidad.



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