Mi mayor baza como narrador es la creatividad.

Esta característica, unida a la preparación que realizo de todas las aventuras que voy a dirigir, hace que me resulte muy sencillo conseguir dirigir a un grupo de jugadores sin tener problemas con sus acciones (oh, no, no vayas por ahí, que no lo tenía preparado) y conseguir finalizar la aventura en cuestión, además de conseguir crear una amplia variedad de ideas con las que continuar en la siguiente sesión.

Es la creatividad la que me permite salir airoso de momentos no planificados, de ideas repentinas que rescatan la trama de la inventiva de los personajes y de la continuación de una aventura cuando se le ha dado un giro de 180º a la trama.

El día que me falte la creatividad será un día triste.

Esta entrada pertenece al ciclo del Desafío de los 30 días, en su 4ª edición, que puedes seguir aquí: Desafío de los 30 días