Si ayer lo tenía claro, hoy también.

El juego que más me ha defraudado ha sido Dungeon World. Es cierto que en gran parte fue por las expectativas que me crearon aquellos que se lo pillaron y comenzaron a comentarlo en las redes, pero fue un bajonazo bastante fuerte.

El problema no fue sobre el sistema. Como he dicho, suelo leer bastantes juegos de rol, y de todos aprendo cosas. De algunos más, de otros menos, y de otros como no hacer las cosas. Sobre el sistema de Dungeon World, también aprendí cosas, y creo que resuelve algunas situaciones de forma bastante elegante.

El problema no es con el sistema. En serio, no lo es.

El problema es que leí a algunos amigos, haciendo referencias al capítulo de creación del mundo de juego. Hay dos cosas por las que siempre tengo cierto ojo puesto… uno es por los megadungeons y el otro es por los libros de creación de ambientaciones y mundos. Bueno, y por los libros de cocina, pero creo que esto no tiene que ver con el tema.

La cuestión es que una de las razones de pillarme el Dungeon World es por ver es maravilla de capítulo sobre creación del mundo de juego. De hecho, fue el primer capítulo que me leí. Y… bueno… psa. Nada. Ni una cosa nueva. Nada que no se haya explicado durante miles de veces en decenas de libros. De hecho, hay un libro, de la época de la fiebre del D20, cuya introducción es similar a todo ese capítulo.

Me comentó un amigo muy amigo mio cuando hablé con el de este tema que a veces lo importante no es contar más, sino contar menos y que quede mejor. Es posible, pero la decepción que sentí al leerlo lastró la experiencia sobre el resto del libro.

Así que chicos, cuidado con el hype. Es peligroso en todos los sentidos.

Esta entrada pertenece al ciclo del Desafío de los 30 días, en su 4ª edición, que puedes seguir aquí: Desafío de los 30 días