Lo tengo claro. Savage Worlds.

Veréis, yo suelo comprar bastante juegos. Unos, para utilizarlos (Dungeons & Dragons y retroclones, aventuras para estos y asociados) y otros para leerlos y conocer nuevos elementos que aprovechar en mis partidas o, simplemente, por gusto.

Esto hace que pasen por mis manos muchos juegos y suplementos (nunca tantos como me gustaría), y que tras lectura tras lectura vaya disfrutándolos en mayor o menor grado. Sin embargo, gran parte de todos estos libros quedan en un segundo plano, ya que desde siempre mi preferencia ha estado relacionada directamente con los juegos basados en D&D y retroclones. Era muy fácil que utilizase dichos suplementos/aventuras/reglas, pero con el resto, lo más normal es que acabase adaptándolos para utilizarlos con la base de D&D.

Cuando leí el reglamento de Savage Worlds, algo cambió. No fue amor a primera vista, pero si que es cierto que algo hizo click. Nada más leer el sistema de reglas descubrí que me resultaba muy cómodo al pensar en él. Y al trasladarlo a una primera partida de prueba, la sensación se afianzó. Es cierto que la fantasía medieval sigue siendo la base sobre la que más cómodo me siento, pero gran parte del tiempo, que antes utilizaba para desarrollar Trasgos y Mazmorras, ahora lo compagino con la adaptación de material para Dungeon Salvaje. Y creo que va a seguir siendo así durante mucho tiempo.

Esta entrada pertenece al ciclo del Desafío de los 30 días, en su 4ª edición, que puedes seguir aquí: Desafío de los 30 días



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