La verdad es que no tengo ninguno. Tengo 42 años, y comencé a jugar a juegos de ordenador con el Amstrad CPC 6128. Eso significa que mis primeros juegos fueron el Manic Miner, Jet Set Willy, Abu Simbel, Comandos, etc. Juegos muy muy divertidos, muy muy duros, pero no muy inspiradores.

Luego vino el PC (mucho después, mucho), donde la cosa varió al Día del Tentáculo, que abrió la veda a las aventuras gráficas (Monkey Island, Larry, Indiana Jones, etc), así como al PCFutbol, y otros juegos del estilo. Quizá hacer hincapié en el Eye of the Beholder, que abrió la veda a todos los juegos de TSR que sacó que requerían de poca memoria y se jugaban por turnos. Desde el mencionado hasta el Dark Sun.

Con el cambio de pc, llegaron los Baldurs Gate, los Warcraft, el Doom, Heretic, Duke Nukem 3D y el Quake. Fiebre que acabó con el Blood y que finalizó mi acercamiento a estos juegos. Y que realmente fue el inicio de la perdida de interés por los juegos digitales en general, tanto en pc como en consola.

No digo que no me gusten, digo que el tiempo que tengo para invertir en mis aficiones es el que es, y es mucho mayor mi interés en juegos de rol, juegos de mesa y literatura que en juegos de pc y de consola. De vez en cuando alguno salta la liebre y vuelvo a darles unas cuantas horas, pero no tardo en volver a mi foco.

En todos estos juegos hay momentos en los que he disfrutado mucho, y tengo anécdotas como cualquier otro aficionado a darle a los botones, pero no hay ninguno que me haya hecho de foco de inspiración. Como mucho, todos han aportado su granito.

Esta entrada pertenece al ciclo del Desafío de los 30 días, en su 4ª edición, que puedes seguir aquí: Desafío de los 30 días