Me encantan las metatramas. No puedo vivir sin ellas. En serio. Como máster no puedo imaginar nada más aburrido que una partida sin al menos una metatrama que sirva para unir esta partida con otra el día de mañana. Se me ocurren metatramas hasta en las partidas de una sola sesión, y en algunos casos no he podido dejarlo en eso, y he acabado desarrollando toda una campaña a partir de lo sucedido.

Las tramas para mí son la salsa del juego. Si, entrar en un dungeon para salvar una princesa esta muy bien, pero descubrir que la princesa esta metida en el dungeon porque su primo bla bla bla y el gremio de asesinos de la ciudad, que trabaja para su bla bla bla mientras una secta antigua esta intentando bla bla bla…

No solo me encantan, sino que como puedes intuir, hago un uso continuado de las metatramas. De hecho, incluso en algún caso he mezclado metatramas entre partidas de distintos juegos y sistemas. Y en algunos de esos juegos no era ni siquiera el máster, con la correspondiente sorpresa al ver que su historia esta relacionada con la que yo estoy dirigiendo.

Sobre lo que considero información útil y cual no… bueno, yo me lo apunto todo. Incluso si un personaje resopla con algún pnj en concreto. Luego, que lo utilice o no, ya depende de la situación. Porque es cierto que me gusta utilizar metatramas, pero también que las voy intrincando a través de las sesiones que jugamos. Esto hace que muchas veces los jugadores se sorprendan, y se den cuenta de la relación de los hechos actuales con hechos que pasaron al principio de la campaña. Cuando encuentran esas relaciones a mi me resulta muy satisfactorio, pues significa que estoy actuando correctamente como máster ya que tienen interés por las sesiones.

Esta entrada pertenece al ciclo del Desafío de los 30 días, en su 4ª edición, que puedes seguir aquí: Desafío de los 30 días



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