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Recuerdo que en cierta ocasión se nos ocurrió que podía ser divertido tener un grupo completamente formado por pícaros. Queríamos hacer aventuras urbanas, de esas en las que lo que más molase fuese el ir por los tejados, robando, escondiéndose, etc, con sus historias políticas y de poderes ocultos.

Desgraciadamente, en uno de los primeros combates nos dimos cuenta de que no tener a lo que se considera un “tanque” delante que aguante las embestidas, y peor, un clérigo detrás que nos mantenga con vida, no es una buena idea.



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