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Aventuras. Sin duda.

Soy INCAPAZ de leerme un libro de ambientación completo, y más si se trata de una localización de la ambientación. Me resulta aburrido leer cosas sobre la guardia de una ciudad, el nombre de los reyes, o de los nobles, o el tipo de armaduras que tiene por defecto. No tengo ninguna intención de aprenderme nada de memoria, así que si me dan información, quiero solo la útil para aquellas cosas que voy a utilizar en las aventuras. Si la amante del rey sale en la aventura, quiero saber su nombre, pero si no sale, no quiero saber nada de ella… me aburre.

Las aventuras me sirven de guía. No solo para hacer mis propias aventuras, sino incluso para jugarlas como a mi me da la gana. Pocas veces utilizo la aventura tal y como viene de fábrica. Las modifico, las adapto a mi grupo de jugadores y a la campaña que están jugando. Me sirve para darle el tono a la campaña mucho más que cualquier libro de ambientación, y además me evita tener que enfrentarme a algunas cuantas incongruencias de ambientaciones que se planteaban de una manera, y luego veías en las aventuras que era justo lo contrario.

En cuanto a los suplementos de otro tipo, los hay que si, y los hay que no. Me encantan los de construcción. Los que me proporcionan herramientas para construirme yo el mundo donde estoy jugando. Guías de equipo, de armas, de conjuros, de como construir naves, como preparar aventuras, etc. Me interesan las que me amplian las razas, las profesiones o las reglas para un tipo determinado de situaciones. Y huyo como de la peste de las que me dan personajes con nombres y apellidos, ciudades de la ambientación, y demás.

Esta entrada pertenece al Desafío de los 30 días. Puedes ver las reglas aquí, y al resto de los desafiantes en este post.

Esta entrada y el resto de entradas del Desafío de los 30 días van a ser etiquetadas con el hashtag #Desafío302014 propuesto por Jesús Rolero.



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