Hoy vamos a abrir un poco el corazoncito. Algo rápido y que se me ha cruzado por la cabeza, leyendo el blog Crawl!Fanzine, que visito de vez en cuando para hacer el pedido de algún nuevo número o leer alguno de sus artículos.

Supongo que os preguntareis por qué leo dicho blog, o por qué compro esa revista tan cutre. Una razón es porque todo lo que publican lo puedo utilizar en mis partidas. Algún cambio menor, pero en general, tan solo me lo leo antes de sacarlo a la mesa, lo suficiente para tomar alguna nota y apuntarme en mi libreta (digital) de información para partidas las características de lo que tiene y cuando las podría aprovechar.

La segunda razón, la más importante, es porque me gusta. Alguno puede preguntarse:

¿Te gusta? ¡Pero si la maquetación es super básica! ¡Si no tiene colores! ¡La portada es en una cartulina de otro color! ¡Está grapado! ¡Es papel fotocopiado! ¡Todo eso lo puedes encontrar en la web!

Lo se. Lo se. Lo se. Lo se. Lo se. Y Lo se. Y precisamente por ello, me encanta. Me retrotrae a la época en la que las revistas importaban por sus contenidos, no por su aspecto gráfico. Donde los retroclones eran los originales. Donde para suplir la carencia gráfica, se volcaban en el texto.

Y si. Me encantaría que una suscripción de este tipo, bimensual, genérica para cualquier retroclon del D&D, y a la que pudiera suscribirme para recibirlo en casa, por correo, sin tener que acercarme a ninguna agencia de mensajería ni tener que controlar que haya alguien en casa. Con un dungeon. Una aventura. Un objeto mágico. Un conjuro. Un artículo de comentario sobre alguna regla o nueva solución…

Un deseo chapado a la antigua.



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