Veréis, hoy me gustaría descargar algo que lleva en mi conciencia mucho tiempo. Es algo que me lleva reconcomiendo por dentro, y que hasta hoy no había caído en lo mucho que me molesta. Y es que hasta el día de hoy yo vivía feliz, en mi encanto de ser un jugador de rol, uno mas de los que pueblan el horizonte.

Yo, en mi ignorancia, en las tardes de verano, miraba hacia el horizonte y mientras el sol era tragado por las ardientes y lejanas tierras de mi imaginación, mi barbilla se alzaba en postura desafiante. Mis brazos en jarras acompañaban mi desdén. Y mi mente, al igual que en el anuncio de cierta conocida consola, gritaba a todas aquellas mentes capaces de leer mis pensamientos eso de “Yo puedo decir que he vivido“.

Pero hoy, mi mente se ha despertado. Hoy he descubierto, rememorando mis andanzas como jugador de rol, que soy un fracaso. Un engaño. Un fraude. Si, como máster he dirigido grandes campañas. He conseguido que mis jugadores bailen al son de mis palabras. He alcanzado la gloria de la partida perfecta y puedo decir con pruebas que he conseguido que casi todas mis sesiones sean interesantes. Pero…

¿Y como jugador?

Como jugador merecería ser lapidado. Si, he munchkineado hasta el paroxismo, en positivo y en negativo. He interpretado escenas que han hecho llorar y reír a mis compañeros. He jugado con dados que me odiaban y dados que bebían los vientos por mi. Y he hecho tantas fichas que si el papel gastado para ello se hubiera utilizado en escribir una enciclopedia, habrían sobrado varios paquetes de folios. Nunca he recibido una queja de un master o compañero, y si varias alabanzas, y en mi descargo he de decir que una vez me dormí en una partida.

Sin embargo, eso no quita que sea un fraude.

– He jugado durante años al D&D y nunca he acabado con la vida de un dragón. En 4ª estuve a punto, pero lo dejamos tras cuatro horas de partida. Y quien dice dragón, dice también contemplador.

– Tengo tras mis espaldas todas las ediciones del StarWars, y bajo mis manos nunca ha caído la Estrella de la Muerte. En SWD20 y en Saga es más difícil, pero… ¿no haberlo hecho con el SW de West End Games, al que jugué más de ocho años? ¡¡¡¡Si casi era la aventura que venía con el básico!!!! Recuerdo el agachar la cabeza, mientras compañeros de la universidad lo comentaban una y otra vez, y yo mientras tanto, odiando a mi master por no darnos esa oportunidad.

– Nunca, nunca, nunca, he acabado con un balrog en El Señor de los Anillos. Y mira que hay. Porque en esta ambientación, con el MERP, te dedicabas a dos cosas. A ver a Galadriel y a matar balrogs. Pues nada. A Galadriel la vimos unas cuantas veces, eso si. Pero si por nosotros fuera, los balrogs de la Tierra Media no pasarían de ser meros cuentos para niños.

– No he acabado nunca con un pato en el Runequest. Al igual que con los balrogs del MERP, los patos del Runequest eran como las pipas. Todo el mundo había acabado con uno. Incluso una vez estuvimos a punto cuando vimos a uno que pertenecía a la guardia de un pueblo al que llegamos para descansar. Y nada. Ni ese. Noseque rollo de miedo de represalias y otras zarandajas nos retuvieron.

– Nunca le he destrozado la rodilla a un compañero en ninguna partida de zombies. Y mira que he tenido ganas, pero es que nunca se ha dado la oportunidad. O ya estabamos en vereda, en situaciones en los que la rodilla destrozada de un compañero no iba a hacer más que perjudicarnos, o directamente, era una tontería intentarlo. Que a ver, por disparar, se puede hacer en mitad del campo sin zombies, pero es que esa no es la situación en la que debe de hacerse.

– Nunca he subido en una nave en EXO. Que tiene delito. Es decir, una de las mayores space-opera en jdr de la península, con varias partidas a mis espaldas, y todo lo ocurrido ha sido en el mismo planeta. Coño, ni eso que dices “vamos a darnos una vuelta”.

– Jamas de los jamases murió ningún personaje mío por una pifia en el Far West. Y mira que las tuvimos gordas, como uno que murió en su primer disparo, y otro que se mató con su propia flecha. Uno tras otro, tarde o temprano, acabó cayendo por sus propias manos. Pues yo nunca. Siempre me jodía cuando todos empezaban a contarse sus muertes ridículas en dicho juego, y yo mientras tanto, mirando el techo.

– Y si hablamos de no morir por una pifia en el Far West, ¿que decir de no morir antes de empezar en el Traveller? ¿Hay alguien que realmente se pueda llamar jugador de rol, haber jugado al Traveller y llevar la cabeza bien alta sabiendo que al crearse el personaje nunca se le ha dado el caso de haber muerto antes de empezar su primera partida? Existe mayor verguenza?

– Tambíen es penosa mis intervenciones durante más de diez años en La llamada de Cthulhu. Que decir de este juego, en el que JAMAS me enfrenté a un dios primigenio. Ni siquiera a Cthulhu. Porque vamos, un Hastur, un Nyarlathotep, vale. Son algo más difíciles de encontrar, tienen sus campañas, que la cosa es larga y tal. Pero… ¿no haberse encontrado nunca con Cthluhu? ¿Que puede ser más deprimente en este juego? ¿No volverse loco?

– ¿Y si hablamos de personajes? ¿Quien no ha visto a Elric? ¿Gandalf? ¿Elminster? ¿Quien no ha tratado con Elminster alguna vez? ¿Quien no ha visto a Drizzt? POR DIOS, ¿EXISTE ALGUIEN QUE NO HAYA VISTO A DRIZZT? Pues si. Yo.

Revisando esto, me he hecho una lista de objetivos. Estos si que son cosas que merece la pena perseguir, y como tal, van a ser mi prioridad numero uno para los próximos años. Que lo sepáis, másters del mundo, aquí tenéis a un jugador que os desafía!!!!

Al menos en esa lista si que tengo algo que puedo tachar, y con orgullo. En Shadowrun, lancé una granada en una habitación cerrada con muros gruesos y una sola puerta creyendo que era la única solución. Sniff. Me encanta encontrarme con amigos roleros que han jugado a este juego, y contarnos como tiramos la granada. Y como posteriormente nos dimos cuenta de la mala idea que era. Y nos abrazamos.



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