Hace cosa de tres años conocí a una persona que hoy en día se ha transformado en alguien muy cercano. Curiosamente, lo conocí en el gimnasio, y sin saber como un día nos pusimos a hablar de cómics.

Él tira más del cómic europeo, y mucho del español de los años setenta y ochenta, mientras que yo tiro más hacia el americano y asiático. En lugar de ser un problema, al no cerrarnos y estar abiertos a nuevas experiencias, no tardamos en intercambiarnos aquellos que más nos habían tocado la patata. Yo comencé a pasarle los de Lobo Solitario y 21th Century Boys, y él a cambio, me introdujo en la colección de Thorgal.

Y me quedé cautivado.

Para todo aquel que no lo conozca, los cómics de Thorgal cuentan la historia de un guerrero escandinavo que intenta vivir tranquilo con su familia, pero que empujado por los acontecimientos, no deja de sufrir una aventura tras otra, algunas de las cuales le llevan a realizar descubrimientos maravillosos que tienen que ver con el mundo que le rodea, cuando no con él y su propia historia, directamente.

Una de las cosas que más me ha gustado de la colección es la ambientación. En principio, podría clasificarse como una especie de fantasía histórica tirando a escandinava, pero no tardas en darte cuenta de que muchos elementos no cuadran con esa clasificación, y aún cuadran menos cuando, en el segundo tomo, descubres el origen de Thorgal, contado a través de Slive, una maga que le esclaviza durante un año. Estos elementos, que en otros cómics podrían no funcionar, en Thorgal lo hacen mucho más atractivo, otorgándole un extraordinario sabor pulp a cada volumen que te permite saborearlo con ganas.

Como comentan en la Tebeosfera: “Y si la ciencia ficción da origen a algunas aventuras, sosteniendo tramas como la inteligente saga del País de Qa, donde se pone de manifiesto la corrupción absoluta de los dictadores y su relación con la religión como fuente de poder sobre el pueblo, es la fantasía mitológica lo que sostiene el carácter fundamentalmente mítico del personaje. Sus encuentros con diferentes dioses, algunos prestados de la cultura escandinava, otros no, y con La Muerte, son los que definen las líneas en las que se escribe el viaje continuo, físico y mental, del protagonista.

Si la historia no fuera de por si lo suficientemente atractiva, la parte gráfica hace que observar cada página sea una maravilla, ya no tanto por las láminas, que demuestran un muy buen hacer por parte del dibujante, sino la capacidad de plasmar excelentes imágenes evocadoras que te hacen preguntarte como podrías plasmar “eso” que estas viendo en una partida.

En conjunto, una unión perfecta entre una ambientación fantástica con tintes de ciencia ficción y un grafismo evocador. Ojalá tuviera tiempo de hacer una ambientación basada en estos libros, porque desde luego, tengo claro que es algo a lo que me gustaría jugar.

PD Si alguien quisiese conseguir los volúmenes, podría hacerlo en la web de Norma, aunque he de avisar. Este cómic no es para aquellos que consideren que la fantasía debe ser pura, sin mezcla de elementos de ciencia ficción.



banner