La primera partida que jugué en mi vida fue al “Alta Inseguridad”, un juego sencillito escrito por la CIA (Campos, Ibáñez y Aceytuno) y publicado en una revista sobre juegos de rol.

El primer juego que me compré fue el Aquelarre, escrito por Ricard Ibáñez. Este mismo juego fue el primero que dirigí en serio, y de hecho creo que es el único con varias ediciones del que las tengo todas. Si siempre he dicho que Juan Carlos Herreros es un poco “mi padre” como escritor, tendría que decir que Ricard es “mi padre” rolero.

Así que imaginaros como me afectó cuando en la última página del nuevo Aquelarre y en la lista de correo del mismo juego empezó a insinuarse que Ricard dejaría de escribir rol. (No de jugar, quede claro, que eso no creo que lo deje hasta que la artrosis le impida lanzar los dados)

Yo, sinceramente, no me lo creo. Como mucha gente que le conoce mejor que yo, por cierto :). Ricard ha emprendido una fructífera carrera como novelista que esperamos todos que de los mejores frutos posibles. Pero no me creo que deje de escribir juegos de rol. Porque no creo que las novelas le llenen tanto como el rol 🙂

En cualquier caso, si sucede lo peor, si me equivoco, sólo quedará agradecerle a Ricard todo lo que nos ha dado. A mí, desde luego, me ha dado mucho. Y habrá que agradecerle lo que nos ha dejado. Nos deja un Aquelarre renovado y actualizado. Con un grupo de personas, entre las que destaca Antonio Polo, que han demostrado que son capaces de seguir, sin arrugarse, la senda del maestro. Posiblemente, este sea el mayor regalo que nos ha dejado Ricard.

Gracias por todo, maestro. Tus acólitos nos quedaremos esperando a cuando quieras traernos una nueva lección. Todavía nos queda mucho por aprender.


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