Hace ya unos meses comentábamos la importancia de revisar el texto que se va publicar, para evitar la mayor cantidad de errores sobre el producto final. Conseguir un producto sin errores es harto difícil, sino imposible, pero aún así, por el respeto que se debe tener a los aficionados que van a aprovechar tus productos, estos han de ser los mínimos posibles.

Numerosos ejemplos en distintos productos nos muestran como en muchos casos, la primera impresión que tienen los aficionados ante un nuevo suplemento o juego tiene mucho que ver con los errores que han encontrado al ojear el producto. Es curioso, porque en muchos de esos casos ni siquiera se ha llegado a leer completamente el libro, quedándose la primera impresión (y por tanto los comentarios que sobre la edición se realizan) en dichos errores.

Desde Trasgotauro no nos cansaremos de decirlo una y otra vez. Revisa, revisa y vuelve a revisar. Nunca será suficiente. El producto final es muy importante, y es una punta de lanza en las valoraciones que los aficionados van a hacer sobre ti en el presente y que marcarán el camino del futuro. Sin embargo, si bien el otro día nos centrábamos en la revisión del texto final, hoy nos vamos a centrar en la revisión del producto final. Es decir, mientras en el anterior artículo nos centrábamos en los errores que podrías cometer tu, hoy nos vamos a centrar en los errores que pueden cometer otros en el proceso de publicación de tu producto.

Hoy en día editar un libro de rol es sencillo. Te sientas, escribes el texto, buscas ilustraciones (o no), lo maquetas, lo montas en un pdf y lo cuelgas. Vale, esta frase no deja claro la dificultad que implica cada uno de estos pasos, pero es innegable que aunque cada uno de estos pasos cuesta, no cuesta ni la mitad de lo que podía costar hace años, sin las modernas herramientas que permiten la autoedición que existen hoy en día. Y ya tenemos un pdf que podemos publicar.

Siempre podemos autopublicarlo con una impresora y ganas, pero como las herramientas de impresión y recortado de las hojas no se encuentran tan disponibles como un redactor de textos, una aplicación de maquetación y un sistema de creación de pdf’s, pues en ocasiones hemos de delegar en otros el producto para sacarlo a la venta.

Hasta ahí, todo perfecto.

El problema es que, aunque no te lo creas, tu tienes un ordenador, y el impresor al que le has pasado el producto tiene otro completamente distinto. Tu tienes el tuyo en tu casa, y el impresor tiene el suyo en su empresa. Y, normalmente, la configuración y aplicaciones de ambos ordenadores no suelen coincidir, ya sea por la configuración de las aplicaciones, del sistema o, incluso del modelo y graduación de la luz y el brillo de los monitores. Y aunque no lo creas, esas diferencias pueden arruinar un producto.

Precisamente por ello, existen las galeradas.

Las galeradas, para todo aquel que desconoce el término, es la prueba de composición que se realiza para una corrección final antes de sacar el producto. Estas galeradas sirven, ahora que ya hemos realizado otras correcciones, para controlar temas como los colores del artículo impreso, los tonos de grises, que el contraste con la letra y el fondo sea el correcto, que la maquetación permita leer sin problemas, que no desaparezcan textos por ser una versión diferente, etc. Y se realizan sobre una impresión del artículo. Impresión sobre la que hay que realizar otra corrección, en las mismas condiciones que las anteriores. Con calma, concentración y un boli rojo que sirva para marcar cosas.

Debido a los costes e ingresos sobre los que nos movemos, no es necesario que estas galeradas se realicen sobre el producto completo. Alguna concesión hay que realizar, como que no se realice con el producto completo (si se saca en caja, por ejemplo, podemos encontrarnos con que el coste de hacer una única caja sea prohibitivo), como que el libro no esté encuadernado y estas galeradas se realicen sobre las hojas impresas, o similar. Sin embargo, si que es necesario, al menos, encontrarnos con una impresión que tenga el mismo papel y se haya realizado con la misma impresora que va a hacer el producto final, o las sorpresas pueden arruinarnos la experiencia.



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