Voy a confesarme. Uno de los problemas con los que Tiberio tiene que bregar conmigo es mi falta de paciencia a la hora de publicar algo. Es algo que es mas fuerte que yo. Termino un texto, y tengo ganas de sacarlo ya ya ya ya. De hecho, en muchas más ocasiones de las que me gustaría (y le gustaría a él) le he enviado un mensaje a las tantas de la noche diciéndole: “Tibe, he escrito esto para el blog. Revísalo y me comentas lo que te parece”… habiéndolo programado para las 7:00.

Obviamente, en estos casos es difícil que la revisión llegue a tiempo, y con posterioridad lo único que nos atrevemos a hacer es corregir las posibles faltas/descuidos que nos encontramos al releerlo, pero nada más, con lo que se pierden algunos comentarios al post y añadidos que hubieran enriquecido el texto enormemente… o al menos un poquito. Este problema en principio no es malo cuando se trata de productos/artículos que ponemos a disposición en internet. Se corrigen con posterioridad, le pones un numerito más a la versión, y santaspascuas, y en estos casos podemos considerarlo como un mero incidente. No justificable, pero al menos fácilmente corregible.

Sin embargo, el incidente se vuelve problema cuando lo que pensamos es editar en papel el producto, o editarlo en un formato que, aunque electrónico, no se pueda modificar fácilmente con posterioridad.

Yo, que soy de los que tienen el problema de las prisas por sacar las cosas, entiendo perfectamente la situación de los autores que se encuentran en ese momento. Escribir un juego de rol/libro de ambientación/aventura larga/campaña es difícil de conseguir. Cuando se termina tienes ganas de que todo el mundo la tenga en sus manos, utilizándola, disfrutándola y comentándola. Cuando se acercan unas jornadas en las que has puesto la vista encima, quieres tener el producto en la mano para entregarlo, venderlo, compartirlo. Necesitas que el libro esté ya ya… ya.

Hoy en día, por suerte, muchos de los escritores de juegos de rol tienen un nivel aceptable alto a nivel de escritura. En serio. Cada día me llegan correos al trabajo de gente con “cierto nivel educativo” que se supone. Y los correos que envían queman la vista. Ver, por lo tanto, algunas faltas de ortografía en un post o en un libro es algo que molesta, pero no son faltas aberrantes. No son un “Boi haber si a yegado el pakete”, ni un texto de varias lineas sin un solo signo de puntuación ni mayúsculas.

Sin embargo, creo que son las prisas las que hoy por hoy afean algunos productos que salen a la calle y que no deberían de hacerlo, pues el producto es, en su contenido, muy bueno. De hecho, en muchos casos han desvirtuado los posts y los comentarios de los que se han hablado, quedándose en la mera opinión sobre la aparición de faltas de ortografía, olvidándose del texto que realmente importa.

Si tú, como escritor de juegos de rol, no tienes interés en que te pase, te aconsejo que revises. Que superes las ganas de sacar las cosas ya ya ya, y que respires una vez finalizado el texto. Sé que es duro, sé que tienes unas ganas que te mueres, pero hazlo. Te evitarás leer cosas como “… un texto plagado de faltas”.



banner