Por si no lo sabéis (cosa que dudo) los chicos de la Marca del Este están creando un juego con una pinta impresionante. Cualquiera que haya ido siguiendo el tema de cerca sabrá que ser uno de los casi trescientos y pico fans (contando la segunda edición) con la suerte de conseguirlo va a ser cuestión de azar, y teniendo en cuenta que la Dracotienda admite prepedidos va a poner las cosas más complicadas. Es decir, que con un poco de ojo se le puede augurar un éxito sin precedentes, cosa de la que, personalmente, me alegro muchísimo.

Sin embargo, y dentro de la alegría que me produce el hecho de que hagan un trabajo tan bien hecho y de que se les augure el éxito que ya se vaticina, hay una cosa que me da rabia, y que poco tiene que ver con la actitud de los chicos de la Marca, y si con la de muchos de los aficionados.

Hoy en día, cuando visito el blog y y veo como muestran cada nuevo avance, cada nuevo logro, cada sorpresa, muchos de los aficionados comentan lo mucho que las editoriales “mas importantes” (como a ellos les gusta decir con la boca llena) deberían aprender de la gente de La Marca.

Sin menospreciar a Steinkel, al que creo que puedo considerar como amigo, ni a sus compañeros, La Marca del Este no se puede comparar a una de las empresas “mas importantes” de las pocas que actualmente existen en el mercado.

Desde el principio, Steinkel ha dejado claro que el objetivo de este producto no es, ni mucho menos, el sacar dinero, sino sacar un producto que a ellos les ha cautivado desde el principio, relacionado con los retroclones, el movimiento old-school y el juego que ellos aman. Si gracias a ello, ganan dinero, bienvenido será (yo me alegraré mucho, pues están haciendo un buen trabajo), pero no hay que olvidar la realidad desde este punto de vista.

Me consta que el mismo Steinkel piensa de forma similar. Me consta que saben que un juego que se está diseñando bajo el paraguas legal de una asociación cultural, donde los posibles beneficios revierten en la propia asociación, implica poder priorizar en elementos que mejoren el producto por encima de aquellos que estén enfocados en maximizar el beneficio. Y estoy seguro de que como asociación no han perdido el norte, pues con una planificación a corto plazo, han sabido aprovechar sus límites y enfocarlos hacia propósitos concretos, con un objetivo claro y bien definido.

Comparar la actuación de este colectivo con la forma de trabajar de empresas que se dedican al rol como parte (o la totalidad) de sus ingresos, y lo que es peor, valorar a unos con el rasero con el que se mide a otros, es un ejercicio de irresponsabilidad.

Por un lado, irresponsabilidad ante empresas que, sin ser un “éxito de taquilla”, siempre han respetado una forma de crear juegos de rol muy personal (y muy cercana a los aficionados) y no por ello menos amantes de los juegos de rol, como es el caso de Ediciones Sombra o de NoSoloRol. O irresponsabilidad ante empresas que buscan una forma de entregar a los aficionados una serie de productos de rol de importación, a pesar de que hace tiempo que dejó de serles interesantes en relación al reparto de recursos que han de invertir (Edge o Devir). Irresponsabilidad al realizar las comparaciones sin tener en cuenta, en esa comparativa, la condición de empresa y de todo lo que ello conlleva a nivel legislativo, ejecutivo y judicial.

Yo sería el primero en celebrar que el día de mañana Steinkel y compañía aceptasen la posibilidad de crear una empresa que se dedicase a editar juegos de rol. Estoy seguro de que sería una compañía con productos interesantes (lo están demostrando), y con una carrera fructífera dentro de lo que cabe en el panorama rolero español. Pero mucho me equivoco, o no tienen pensado transformarse en una editorial a corto plazo. La política de “beneficio 0” no es compatible con una empresa, por mucho que las odas poéticas del amor al rol nos hagan creer lo contrario. Decía Anthony Bourdain que no hay peor amigo que el que te apoya a montar un restaurante cuando a ti tan solo te gusta comer bien.

Bregar como editorial en este mundo es bregar en ancho mar, y si la cala en la que se encuentran hasta ahora tiene miras de abrirse a mar abierto, las olas permanecen todavía a linea de flotación. No seamos irresponsables, disfrutemos del AELMDE, dejemos que el futuro decida sin presionar, y que la cabeza, clara y sensata de La Marca decidan su propio rumbo. Si el viento cambia, ya arriaremos las velas en consonancia. Ya nos han demostrado que saben otear horizontes.



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