Hasta hace catorce años, cada uno de los gremios oscuros iba por libre, reuniéndose los jefes de los mismos de vez en cuando para las cuestiones que les concernían a todos ellos, en lo que llamaban el Consejo de Cuatrocientos, en burla y clara referencia al Consejo de Ciento de la villa. Esta estructura les permitía controlar amplios territorios de la ciudad, principalmente de Sabugo y Galiana, donde las fuerzas de la guardia eran menores o se encontraban bajo el control de los bajos fondos.

De cara a la gente, el alto nivel de delincuencia en esos barrios obligaba a contratar medidas de seguridad que, en muchos casos, eran parte también de dichos gremios, cerrando un círculo que enriquecía a los delincuentes y ponía a la gente en contra de la guardia por su aparente incompetencia.

La situación comenzó a cambiar gracias a la actuación del actual jefe del Gremio de los Jueces. Al principio las cosas siguieron igual que con el anterior, y el lo único que se notó el cambio fue en un refuerzo de las fuerzas de la guardia con mercenarios traídos de fuera de la ciudad. Estos nuevos guardias demostraron ser más eficaces que muchos de los cuerpos que llevaban años trabajando.

El siguiente cambio se notó en el Gremio de los Asesinos, aunque no fue algo que se observase en la sociedad de Vilés. Durante los siguientes años la estructura del gremio se convulsionó, dividiéndose en dos facciones. Una, la antigua, que permanecía bajo el mando del antiguo Jefe, consideraba peligroso ampliar el radio de actuación de sus asociados y abarcar zonas fuera de la ciudad. La otra facción, nueva y apasionada, consideraba necesario ampliar el gremio a otras ciudades. Esta división fue recrudeciéndose hasta transformarse en una lucha interna entre los dos bandos, donde los asesinatos con mensaje eran comunes entre ambos.



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