Otra de las reformas que los nobles hugrarianos decidieron realizar en la villa antes de trasladarse a ella fue la creación de un alcantarillado para la ciudad que pudiese ser utilizada por toda la población intramuros. Así que durante más de diez años, equipos de obreros se encargaron de crear un alcantarillado que conectase todas las casas de la ciudad, facilitando la eliminación de desechos.

Estas obras fueron muy criticadas en su momento, pues obligaron a familias enteras a irse de sus viviendas para evitar accidentes, pero posteriormente se comprobó como una de las mejores reestructuraciones que se han realizado en la ciudad. La necesidad de eliminar los residuos se estaba convirtiendo en un problema antes de la construcción del alcantarillado, y los servicios de “femeteros”, carros con grandes barricas metálicas que cobraban por recoger los residuos y deshacerse de ellos, estaban comenzando a mostrarse insuficientes para una ciudad del tamaño que tenía Vilés en aquella época.

Cuando el sistema de alcantarillado se planificó, se hizo sobre el plano de la reforma que se iba a realizar para crear la muralla actual. Eso significa que las alcantarillas cubren los barrios de Rivero y Galiana, y aunque actualmente algunos conductos dan servicio a algunas zonas de Sabugo, no son conductos sobre los que se esté realizando ningún mantenimiento, por lo que suelen dar bastantes problemas a los habitantes de estas zonas.

El sistema de alcantarillado principal es sencillo. Aprovechando el acueducto que introduce agua en la ciudad, parte de dicha agua se redirige a las alcantarilla, que arrastra los residuos de las mismas a través de los conductos hasta el río. El agua que se introduce, aunque no es abundante, sirve para arrastrar los residuos, que a través de las distintas ramificaciones, los trasladan hasta el río. Con el tiempo, la erosión y las nuevas obras han ido aumentando la cantidad de conductos y subconductos que llegan y salen de las alcantarillas principales. Se dice que nadie en todo Vilés conoce todo el laberinto que se encuentra allí abajo… al menos, nadie vivo.

Durante todo el año, un grupo de diez Recogedores tienen encargado realizar el mantenimiento de las alcantarillas principales. Las recorren, comprueban que no hay nada que impida el paso de los residuos, las desatascan cuando algo lo impide y revisan el estado general. Evitan, además, que se transformen en la guarida permanente de ladrones o mendigos, a los que de vez en cuando han de expulsar o, en el peor de los casos, retirar sus cuerpos.

Diez Recogedores es una cantidad escasa para poder realizar el mantenimiento de todas las alcantarillas secundarias de la ciudad, así que estas únicamente se revisan cuando se tiene noticia de algún problema. En ocasiones es posible que se contrate a grupos de voluntarios para realizar esta tarea.

El trabajo de un Recogedor de las alcantarillas no está menos exento de peligro que sus homólogos en la superficie. Algunas criaturas consiguen encontrar el camino hasta las alcantarillas a través de conductos que los Recogedores no han descubierto, y muchas pandillas las utilizan para desplazarse de un punto a otro de la ciudad cuando desean que nadie les vea. En esas ocasiones, si la situación les supera, el jefe de la cuadrilla de Recogedores puede utilizar el Silbato de Grupo para avisar a la guardia, que llega en menos de 1d10 minutos.

Aprovechar las alcantarillas no es gratuito. Todos aquellos que desean verter sus desechos a las mismas a través de desagües propios (en casas, en locales o en otras construcciones) han de pagar una contribución al Gremio de Recogedores, que apunta los pagos y crea el desagüe, cerrándolo cuando deja de producirse el pago o el edificio se deshabita. Aquellos que no desean pagar el servicio han de realizar el vertido en pozos negros situados en algunos puntos de la villa dedicados al efecto. Verter residuos en la calle está penado por la ley.

Durante los últimos años se han descubierto alcantarillas que recorren zonas del barrio de Sabugo. Estas zonas no han sido creadas por las cuadrillas de obreros de la ciudad, y no se realizan operaciones de mantenimiento en ellas. Cuando el grupo de Recogedores de las Alcantarillas descubre uno de estos conductos, llama a una cuadrilla de obreros para que coloque una reja de barras de hierro que impida el paso de invasores, además de avisar a la guardia para que busque a los responsables. En el pasado se intentó cerrar el paso, de esos conductos, pero debido a los problemas causados por las anegaciones de residuos, se decidió adoptar esta medida de ese momento en adelante.



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