Cuando llevaba ya bastante tiempo en la carrera, vamos, lo suficiente como para tener el culo pelado ya de estar sentado, tuve una de las asignaturas que más me ha interesado desde que comencé a estudiar.

Quizá no fuese por la asignatura en sí, ya que esta trataba de un tipo específico de programación, sino por el profesor, que la hizo tan amena, interesante y… aplicable al mundo real, que al final, de lo que trataba la asignatura poco aprendí. Sin embargo, de todo lo que tenía que ver con el mundo de la programación (y sus alrededores) mucho más. Una de las cosas que, curiosamente, recuerdo, fue lo que nos comentó una tarde, al comenzar la clase, justo después de leer un texto relacionado con la gestión de proyectos. El comentario fue de pasada, pero ahí quedó, rondando en mi cabeza:

“Pensad que el primer proyecto que intentéis hacer por vuestra cuenta, sin control por parte de alguien experimentado, tiene un porcentaje alto de no conseguir llegar al final”.

Joder. Vale, el tiene los datos, y es muy posible que sean ciertos, pero eso es un jarro de agua fría para todos aquellos que, como yo, somos adictos a dejar volar nuestra imaginación y a ser un poco esclavos de la creatividad. Tarde o temprano tus aficiones o tu mente acaban por empujarte a comenzar un proyecto que te guste, que te interese o que esté relacionado con tu hobby.

Hoy en día ese proyecto ya pasó, y si. Fue un proyecto que no llegó al final, ni llegará jamás. Sin embargo, me hizo darme cuenta que, realmente, el profesor que dejó caer esa frase no es que tuviera unas sesudas estadísticas sobre las que basarse para sentenciar casi tantos primeros proyectos como alumnos tenía en clase, ni que tuviera ganas de destrozarnos la moral. Con un poco de sentido común, cualquiera es capaz de llegar a la misma conclusión.

Cuando comienzas un proyecto, tu primer proyecto, una de las cosas que no se tienen en cuenta, y menos con la escasa experiencia que se tiene a esa edad (la del pavo :-D), es lo siguiente: No nos damos cuenta de lo difícil que es. Infravaloramos las dificultades a las que nos vamos a enfrentar, y normalmente, las cosas suelen ser siempre más complicadas de lo que se piensa a priori. Con el tiempo y la experiencia aprendemos a valorar esas dificultades, y aún así, en muchos casos seguimos infravalorando su dificultad.

Si tenemos a gente que se encuentra por encima de nosotros controlándonos, ya se encargan ellos de realizar esas valoraciones. Pero en nuestro primer proyecto en solitario no tenemos ese colchón, y nuestras ganas, pasión e ímpetu nos llevan a emocionarnos, creyéndonos “los reyes del mambo”.

Para evitar esto, tenemos dos opciones. Una, reducir el tamaño del primer proyecto a algo muy manejable, aunque nos parezca ridículo. Va a ser el primer proyecto, pero va a ser de los pocos primeros proyectos que van a salir, por lo que cuando lo termines podrás mirar a tu alrededor y sonreír con indulgencia, pues no todos lo consiguen. Y, por supuesto, el “mejor proyecto del mundo” ™ será el segundo, que seguro que esa posición acaba saliendo. (Mi profesor no me dijo nada sobre los segundos proyectos :-D)

La segunda opción, también válida, es que te pongas bajo el control de alguien que realice un proceso de coaching contigo, apoyándote, ayudándote a conseguir el objetivo que le planteaste y haciéndote de control. Esta opción solo la puedes realizar si conoces a alguien de confianza, pues si la persona a la que le has pedido ayuda no realiza esa tarea, al final te encuentras como en el primer caso.

Así que si todavía no has comenzado ningún proyecto, pero lo vas a hacer, ánimo. No desesperes por este post. Simplemente, haz caso del anterior dividiéndolos en partes claramente estructuradas, intenta que el proyecto sea uno corto, y ves aumentando poco a poco el tamaño de los textos a los que te vas a enfrentar en los subsiguientes proyectos.

Cuando los acabes, medita sobre lo que creías que te iba a costar, y lo que te ha costado realmente, y guarda esa información. Es experiencia que te servirá para cuando empieces el siguiente proyecto y te permitirá ser más realista y más determinista a la hora de abordarlo.



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