Ya hemos hablado de las enormes posibilidades que tiene un proyecto de rol de desbordarse cuando lo estás desarrollando. El problema viene cuando las fases de creación se van montando unas encima de otras, y mezclamos momentos de preparación e incubación con escritura. O cuando la inspiración nos viene en pleno desarrollo, teniendo que replantear parte de lo escrito, o detener lo ya comenzado.

Este problema viene por la necesidad que tenemos aquellos que nos embarcamos en un texto rolero de ponernos a escribir inmediatamente, intentando evitar que se nos olvide lo que deseamos plasmar, o impulsados por la pasión de tener por escrito “la mejor idea jamas pensada”. La razón de hacerlo de esta manera es porque, en el fondo, no nos tomamos en serio los proyectos relacionados con los juegos de rol. Los infravaloramos porque son textos que escribimos en nuestro tiempo libre, como hobby, y porque nos gusta como afición, no como obligación ni trabajo serio.

Hace ya tiempo, cuando hablamos de la constancia y como conseguirla, dejamos caer una idea que, probablemente, sea la mejor solución para evitar que el desarrollo de nuestros proyectos acabe pareciendo un laberinto de propositos y textos a medio escribir. En ese post hablabamos de la necesidad de crear un plan de acción que nos “obligase” a avanzar en el texto que deseamos escribir. Ese plan nos permitía conocer, en todo momento, el estado de nuestro proyecto, además de animarnos en su desarrollo y mantenernos activos con él.

Sin embargo, para poder realizar un plan de acción, lo primero que deberíamos hacer es plantearnos todas y cada una de las partes que van a conformar el texto final. Dicho de otro modo, tenemos que saber que es lo que vamos a escribir.

Vale, lo entiendo. Es difícil de la leche saber exactamente lo que vas a escribir cuando comienzas el texto de un proyecto largo. ¿Verdad? Pues la verdad es que realmente no es tan difícil. Piensa en el siguiente ejemplo, y si quieres comprobarlo, ponteló como ejercicio: Vamos a escribir el texto de un arma mágica, siguiendo el esquema que puse en un post anterior. Coge un folio, y esquemáticamente responde a cada una de las preguntas que en dicho post te planteo. ¿Ya? Vale, te has dado cuenta. El texto que tienes es casi el texto completo de la espada, y encima, con un esfuerzo mínimo, o al menos, bien controlado.

Cuando este mismo ejercicio lo vas realizando por costumbre, ya sean armas mágicas, pnjs, localizaciones, conjuros, etc., acabas adoptando una forma de trabajar que te permite desarrollar rápidamente los esquemas de los proyectos cortos. Puede parecerte una manera mucho mas lenta de trabajar, pues cuando antes te ponías a escribir, en una hora tenías el texto, y ahora necesitas al menos hora y media o dos horas para terminarlo. Sin embargo, la verdadera rapidez se produce cuando, con el sistema ya adoptado, comienzas un proyecto largo o semilargo. Una aventura, una campaña, o incluso un sistema entero.

Merece la pena que, ya con el método aprendido, te tomes un tiempo de reflexión, y durante ese periodo, que incluso puede llevarte un par de semanas o mas, dividas el proyecto completo en partes, detallando cada una de ellas. Y una vez hecho eso, hagas lo mismo con cada una de las partes en las que has dividido el proyecto completo, dividiendolas y detallandolas. Y así hasta que te des cuenta de que tienes un conjunto de partes (o proyectos cortos) que ya no se pueden dividir más.

Ese, exactamente ese, es el momento de pasar a la siguiente fase del proyecto, la de programación. No antes. Y descubriras que los proyectos que hagas utilizando esta metodología se acabarán mucho antes, aunque pueda parecer en principio que estás perdiendo el tiempo.

Posiblemente no eliminaremos el caos, pero lo minimizaremos con la práctica.



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