Pronto los dioses comenzaron a Leer lo que Praetes escribía, y el mundo cambió a medida que sus lecturas avanzaban. Sin embargo, la lectura no era la misma para todos. Algunos dioses se centraron en las Palabras de las razas. Otros, en las Palabras de la naturaleza. Y poco a poco la lectura de cada dios fue separándose, especializándose.

Levondel, por ejemplo, se centró en los pasajes relacionados con la caza, la naturaleza y el mar. Krummel siguió atentamente la lectura de los enanos, sus costumbres y su sociedad. Kriech aprendió a Leer todo lo relacionado con el honor, la guerra y el bien.

Sin embargo, poco a poco algunos dioses comenzaron a jugar con las Palabras, buscando la manera de Escribir. Ambicionaban el poder de Praetes, su control sobre todo lo que existía, incluidos ellos, y se creyeron lo suficiente sabios como para hacerlo. Sin embargo, sus palabras, mal escritas, corruptas, se entremezclaban con los párrafos originales del Libro, viciándolos y transformando su sentido original. En lugar de crear párrafos nuevos, corrompían los existentes.

De esos párrafos surgieron los orcos, los drows, los dragones, los goblins y otras razas. Pero también surgió el dolor de la herida, el llanto de los hambrientos, los sufrimientos de la peste. De las Palabras más puras surgió la muerte violenta, los demonios y mal en sí. De las más viciadas, el frío helado del invierno, las hierbas venenosas y las palabras afiladas. Y otros muchos males que asolan el mundo.

Praetes vió esto, y se molestó. Expulsó de su lado a los dioses que habían corrompido el Texto. Pero no borró lo escrito por ellos en el Libro, pues no quería que los dioses olvidaran que una vez otros dioses quisieron Escribir y que de esa traición surgieron los males que corrompen el mundo.



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