Durante años, todos los veranos asistia a unas jornadas bastante conocidas. En esas jornadas me juntaba con amigos que conocía de las listas, de proyectos, de foros, etc, y con los que hablaba durante todo el año. Jugabamos al rol y a juegos de mesa, y al igual que un cargador de pilas, todos los años cuando acababan las jornadas volvía a casa con muchísimas más ganas de jugar, de comprarme algunos de los juegos probados y, sobretodo, cargado de ideas a desarrollar.

Con los años, esas jornadas dejaron de hacerse, pero por suerte unos cuantos amigos pudimos seguir quedando todos los años. Seguimos jugando a juegos que no hemos probado, además de a unos cuantos que nos emocionan por separado y que nos apetece que el resto lo conozca.

Obviamente, el año que viene espero llevarme el Roll&Play para que lo prueben. Sin embargo, no es de eso de lo que quiero hablar. Como en los años anteriores, al acabar me encontré volviendo para Valencia con la mente llena de ideas a desarrollar, incluyendo una campaña cuya idea me atrae completa y absolutamente. Prueba de ello son mis dos acompañantes en el viaje de vuelta, que escucharon de mis labios las palabras “Que ganas tengo de poder escribir lo que estoy pensando” varias veces.

Así que llegué a Valencia. Me bajé del coche. Subí a casa. Abrí el portatil. Me apunté todo lo que tenía en mente. Y continué escribiendo las reglas del R&P. Desarrollaré todas las ideas que se me ocurrieron en el viaje, y muy posiblemente lo haga utilizando el sistema de R&P como base. Pero comenzarlas a escribir antes de terminar lo que tengo entre manos acabaría consiguiendo que no avanzase en ninguno de los proyectos, tanto actuales como futuros.



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