¿Que estas insinuando, enano rastrero? ¿Que acaso puedo estar equivocandome? ¿Que estoy dejandome llevar por mi odio? Escuchame, y escuchame atentamente porque no te lo voy a repetir, maldito seas. Llevo más de quince años persiguiendo a Cortaniebla. Quince largos años, de los que cuento cada día y cada hora. Quizá llevo mas tiempo detras de él que el que tu puedas llevar fuera de tu madriguera buscandote la vida. En todo este tiempo, ni un solo minuto he dejado de querer devolverle la bola de fuego que mató a mi familia. ¿Has oido gritar a tu familia mientras está muriendo? Yo si. Y quizá para una rata como tu no signifique nada, pero para el resto del mundo es de las peores cosas que puede escuchar. Y eso fue lo que escuché mientras me encontraba inmovilizado y sin poder devolverle los hechizos a ese maldito bastardo. Y en todo este tiempo te aseguro que no he olvidado ni un solo movimiento, ni un solo gesto de los que realizó. Todavía huelo su magia. Todavía veo sus manos, sus dedos. Y no olvido la huella que deja su magia, ni la olvidaré nunca. Así que ni se te ocurra volver a insinuarlo, o comprobarás de primera mano cual es mi huella.

Al contrario de lo que piensan la mayor parte de los seres del mundo de Aleph, la magia no siempre es igual. Es cierto que si oyes gritar cerca de ti “Bola de fuego”, lo mejor es que te tires al suelo, ruedes, te parapetes o te prepares para recibir un ardiente impacto de aire incandescente, pero tan solo unos pocos se dan cuenta de que la magia es tan distinta como los propios magos que la lanzan, incluso cuando se trata del mismo hechizo.

Cuando un humano entra por primera vez en una ciudad enana comprueba que en muchas ocasiones le cuesta distinguir las diferencias que existen entre dos enanos cualesquiera. O cuando ve un grupo de goblins atacando una caravana, es posible que con posterioridad los confunda si ve a otro grupo de goblins realizando tareas mercantiles. Al resto de las razas suele pasarle exactamente lo mismo. Y tan solo la costumbre y el roce con otros seres consigue que alguien de una raza sea capaz de localizar a un amigo o seguir a un objetivo entre una multitud sin equivocarse.

Existen casos similares entre otros rasgos, como las voces, los rasgos faciales o la manera de moverse. Es muy dificil que despues de muchos años conviviendo, un personaje no sea capaz de reconocer las voces de sus familiares, con los ojos cerrados, a oscuras completamente o incluso entre el ruido de una tormenta. O, sin saber como, un grupo de aventureros acaba por conocerse tan bien que por mucho que cada uno de ellos se entremezcle en multitudes de su misma raza siempre acaban identificandose.

Al igual que pasa con las voces, con los rasgos faciales, o con las huellas dactilares, un mago es capaz, con la suficiente experiencia o capacidad, de identificar las huellas mágicas que un mago provoca al lanzar un hechizo. Cada vez que un mago lanza un hechizo, por mucho que el mago haga todo lo posible por evitarlo, acaba dejando su impronta en los gestos. El mismo acento de un mago al vocalizar los componentes verbales o al realizar los componentes somáticos marca el conjuro como personal. El trazo de las runas al preparar un glifo o una trampa deja la firma como lo haría la letra de un texto escrito a mano de un escriba respecto a otro.

Algunas firmas son más faciles de identificar que otras. Un hechizo lanzado en el momento permite reconocer al lanzador entre otros con menos dificultad de lo que permite hacerlo cuando los efectos se observan en la explosión de una trampa mágica colocada por el mismo mago, o en la ejecución de un pergamino escrito. Y entre los hechizos de dos magos, independientemente de su raza, puede haber tantas diferencias como entre un humano y un orco, o tan pocas como las que existen entre dos mellizos.

Sin embargo, esto no significa que identificar a un mago en base a los hechizos lanzados sea algo facil. Como comentabamos antes, casi la totalidad de los no usuarios de la magia son incapaces de diferenciar la impronta de un mago de la de otro, y entre los usuarios de la magia tampoco suele ser una tarea sencilla, a pesar de que lleguen a reconocer que esas diferencias existen. Por otro lado es imposible que alguien que no haya visto a un mago lanzar un conjuro luego logre identificar otro conjuro como perteneciente a dicho mago. Sería como si alguien intentase adivinar la voz de alguien sin haberla escuchado antes, o supiese a quien pertenece un rostro sin haberlo visto antes.



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