Escribir para juegos de rol es, fundamentalmente, una práctica.

Las primeras veces cuesta horrores, y en muchas ocasiones, una autocrítica negativa hace que pensemos que no nos va a salir lo que deseamos que nos salga, o lo que acabamos de realizar no merece la pena. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo y seguimos escribiendo vemos como poco a poco va incrementandose la fluidez con la que plasmamos nuestras ideas, de las estructuramos y las presentamos en un producto final interesante y bien construido.

Lo que en un principio tropieza con mil y un obstaculos, poco a poco va convirtiendose en algo natural. Es más facil enfrentarse al papel en blanco, es más facil encontrar la concentración necesaria para escribir sin interrupción, y es más facil ir desarrollando el texto en una estructura en la que nos sentimos cómodos como texto final.

Llega un momento en el que comienza a ser facil escribir, y entonces es cuando casi sin darnos cuenta comenzamos a dejarnos llevar y a disfrutar. Una frase conocida y que da nombre a muchos de los libros que sirven de ayuda a los nuevos escritores es la siguiente:

“A escribir, se aprende escribiendo”.

Y es cierto. Como casi todo en esta vida, la práctica hace al maestro, y con la escritura pasa lo mismo. Es importante que te acostumbres a no detenerte, de que vayas cogiendo el hábito de escribir durante un tiempo preestablecido sin levantar los dedos del teclado. De que te vayas convenciendo de que puedes hacerlo.

La mejor manera de conseguirlo es establecer una rutina de escritura que sea facil de cumplir y que puedas realizar todos los días. Por ejemplo, no mas de diez minutos o un cuarto de hora. Cada tarde, o antes de acostarte, sientate delante del teclado, o delante de la libreta donde escribas, y durante diez o quince minutos escribe sin levantar la cabeza de lo primero que se te ocurra. Un resumen de la última partida, un historial para un personaje, una descripción de un edificio o zona. Pero lo más importante es que consigas dos cosas:

– No te detengas mientras escribes durante esos diez minutos. Es importante que este ejercicio tiene como objetivo el conseguir que te sea natural escribir durante un periodo largo de tiempo. Da igual que comiences escribiendo sobre un tema, y este evolucione poco a poco hasta acabar en otro tema completamente distinto. Lo importante, mientras haces el ejercicio, es encontrar la fluidez en la escritura.

– No revises lo que has escrito. No importa. Olvidate. Ya lo leeras mas adelante. No hagas que un simple ejercicio de escritura que debería de durar diez minutos, quince máximo, se transforme en varias horas, y consigas cansarte lo suficiente como para creer que al día siguiente no es necesario que te pongas delante del teclado. El ejercicio busca, además de la fluidez, la constancia.

Una vez finalizados esos diez minutos, guardar lo que has escrito en una carpeta. O, si escribes en papel, guarda todo lo que escribas en un mismo sitio. Una carpeta. En las hojas consecutivas, si utilizas una libreta. Es importante que no tires nada, como ya veremos más adelante.

Una vez al mes, el último día como resumen recopilatorio, o el primero del mes siguiente, como un nuevo inicio, revisa todo lo que has escrito durante esos diez minutos diarios. Te encontrarás con unas cuantas sorpresas que quizá te interese desarrollar más adelante.

Piensa que, si lo haces todos los días, al cabo de un año habrás escrito 3560 minutos. Un total de casi 61 horas de ideas varias.



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